El paso del tiempo provoca que ritos que tenían un significado en el pasado, actualmente tengan otro. Es lo que ha pasado con las Navidades. Experiencias asociadas a la religión, la obligatoriedad de convivir con personas con las que no tenemos sintonía y desgastes culturales han hecho que las Navidades se vivan de un modo superficial, buscando en el consumismo y la celebración las razones para seguir perpetuándolas aunque en el fondo lo que sintamos es hastío.

Para estas Navidades te propongo algo original y es que regales tu silencio. Es un regalo para ti y para los demás porque cuando nos juntamos con personas la tentación es de hablar, expresar, comunicar, ser amables o ser confrontativos, ser ingeniosos o estar ausentes. Sea cual sea tu forma habitual de estar te propongo este año que hagas algo diferente y es que regales tu silencio. Esto no implica pasar de lo que está ocurriendo a tu alrededor, abstraerte, sino al contrario, estar presente, observando y escuchando lo que pasa realmente en tu entorno.

Es algo que no estamos acostumbrados a hacer, quedarnos en silencio atentos a los demás, realmente escuchando lo que nos dicen, atendiendo a cómo sienten las historias que nos cuentan. Si haces este ejercicio silencioso, posiblemente no solo podrás verlos con una perspectiva que antes no tenías, también podrás verte un poco más a ti mismo. Es un camino de doble dirección, cuando estamos en nosotros, también podemos estar realmente para los demás. ¡Pruébalo estas Navidades y me cuentas!