Hay momentos en la vida donde se nos presenta un abismo al que no podemos dejar de asomarnos, el vacío de tener que reestructurar una vida cuando ya no tenemos pareja, asumir la pérdida de una muerte, la búsqueda de trabajo después de muchos años o tener que cambiar de ciudad de residencia sin desearlo.
Todos estos cambios suelen costar más cuando nos vienen de imprevisto porque todos ellos implican que debemos hacer una revisión personal de cómo somos y cómo es nuestra vida. Nos obliga a enfrentarnos a uno de nuestros miedos más profundos, el de quedarnos solos.
Aunque de primeras no existen mapas sobre como atravesar este vacío te aseguro que intuitivamente sabemos encontrar el camino, podemos recuperar la senda y volver a estar tranquilos y en paz. Paradójicamente para ello es necesario estar solos y aprender a amarnos para poder salir de esta situación.
Yo digo que es como realizar un retiro en el desierto. Es muy duro, pero sales fortalecido y con las ideas más claras.
Cuando tienes que atravesar tu propio abismo es mejor hacerlo acompañado, es más llevadero cuando explicas tus dificultades y puedes tener otra visión. Por eso es esencial estar acompañado de personas que te quieren bien. Amigos, familia y conocidos amorosos que te permiten hacer este tránsito más llevadero y te sostienen cuando tu propia vida no lo hace.