Seguro que te ha pasado también a ti.

Todos podemos tener momentos en los que hemos podido temer por nuestra supervivencia. Por ejemplo si muere nuestro compañero o compañera es fácil que nos invada una sensación de desamparo o si llegamos a perder nuestro trabajo puede entrarnos el miedo de no poder mantenernos económicamente.

La desesperación hace que nos volquemos a pedir a otras personas que nos asistan, que se hagan cargo de nosotros, que nos solucionen el trance. Y requerimos la ayuda sobre todo de personas que consideramos que tienen poder, recursos y capacidad para sostenernos.

Sin embargo, esta petición de que se hagan cargo de nosotros, azuzada por el miedo y que es comprensible por un lado, también nos coloca en el lugar de víctima. Nos quita el poder de recuperar nuestros recursos, de traspasar nuestros miedos y enfrentarnos a nuestras carencias, ya que estamos diciendo al otro que nosotros no podemos, somos menos capaces.

Aunque no es fácil, si empezamos a trabajar para superar el miedo, estaremos construyéndonos como adultos que somos. Si poco a poco vamos recuperando nuestras capacidades, enfocando las situaciones no desde la angustia, sino de las posibilidades y conectamos con los demás, no desde la cesión de nuestro problema, sino desde la búsqueda de acompañamiento podremos ir tocando tierra desde un lugar seguro.

La cuestión no es dejar que otro se enfrente a nuestros problemas, sino pedir ayuda para ir haciéndolo nosotros. De este modo podremos ir dando pequeños pasos para superar eso que nos da tanto miedo y poder hacernos cargo de nuestra vida.

Foto de Stormseeker en Unsplash