Muchos de vosotros venís frecuentemente a terapia buscando herramientas. Esta es la palabra concreta que utilizáis: “necesito herramientas”. Independientemente de que haya profesionales que aportan técnicas para la gestión emocional, en mi opinión, antes de dar herramientas primero hay que saber cuándo y cómo utilizarlas. No le das a una persona un software nuevo si no sabe utilizar el ordenador. Primero hay que “formar” a la persona. Eso es lo que ocurre cuando se quiere aprender algo nuevo, una profesión, una habilidad…
En terapia no se trata tanto de realizar una “formación” al uso, sino acompañar para que podáis desarrollar una capacidad por vosotras mismas y decidáis aplicar el recurso que consideréis necesario en cada situación. Se trata de que llegar a poder entender qué es lo que os ocurre y cómo os pasa y después tomar acción para cambiar las circunstancias. Se trata más del desarrollo de una actitud de responsabilidad hacia uno mismo y de la autogestión que de formar en una capacitación de unas técnicas. A pesar de que parece algo obvio, la realidad es que esto mismo se va perdiendo tras relaciones poco claras, experiencias traumáticas y necesidades externas.
Para desarrollar esta responsabilidad e ir alcanzando nuestro potencial no solo necesitamos aplicar técnicas o herramientas, sino desarrollar un autoconocimiento, una especialización sobre nosotras y nosotros mismos que nos permita entendernos y actuar el mundo que nos rodea. Implica un trabajo constante y duro, pero cuando se va realizando se pueden ver los resultados que van aportando no solo calma ante la vida y mejores relaciones con las personas que nos rodean, sino también una gran seguridad interna que deviene al sentirnos capaces de gestionar nuestra propia vida.
Foto de Morgan Sarkissian en Unsplash