Esta semana ha fallecido una familiar mía y observando su historia reconozco que ha sido capaz de mantener una vida intensa, alegre, rodeada de amigos. Pensé en cómo se debe sentir uno antes de morir repasando su vida.
Porque algo que parece tan sencillo como vivir sintiéndose realmente vivo, de hecho, no lo es. Porque… ¿Cuándo se siente uno vivo de verdad? ¿Cuándo sentimos que somos nosotros y que actuamos como queremos a lo largo del día? Hay tantos momentos que nos quitan energía, hay tantas micromuertes por pensamientos, malentendidos, presiones, hay tantos factores que nos apagan que llegamos a la noche exhaustos, agotados física y emocionalmente.
Si “la cuestión es estar vivo antes de morir” tal como dijo una vez Osho, ¿te has preguntado cómo podríamos estar más vivos si cabe? La cuestión es cómo nos cuidamos en todo aquello que nos hace sentir bien y en lo que no, cómo cuidamos el entorno en el que nos desenvolvemos diariamente, si respetamos nuestros tiempos, la manera de hacer las cosas, si podemos funcionar orgánicamente, no tanto ajustado a una planificación sino al tiempo que se requiere para digerir procesos y entender necesidades, si podemos comunicarnos con los demás respetando cómo son y aceptando que pueden funcionar de modo diferente.
Se puede estar vivo y también medio muerto, también se vive así, con malestares, infeliz, dependiente de mucho, sin conseguir relaciones significativas, sin poder mirarse hacia adentro. Y se muere igualmente, pero quizás antes de morir se debe sentir uno de modo diferente al saber que ha vivido de verdad.