El poder de las palabras

No sabemos el poder tan increíble que tienen las palabras. Con ellas podemos potenciar o destruir una persona. Son el vehículo con el que viaja nuestra intención. Lo que soñamos, lo que sentimos, cómo vemos el mundo, cómo vemos al otro llega a través de nuestras palabras y de la energía que ponemos al expresarlas.

Si tenemos intención de herir, a veces las palabras pueden ser dardos envenenados y espadas cortadoras de cabezas, llevan una energía destructiva. En cambio, si queremos impulsar y potenciar a una persona también lo podemos hacer con la manera en que nos expresamos hacia ella. Envolvemos las palabras de amor y afecto.

Escoger nuestras palabras y determinar nuestras intenciones nos permite crear el entorno que queremos a nuestro alrededor.

Preguntar para entender mejor las intenciones del otro o por qué está haciendo algo nos permite ubicarnos y así escoger las palabras y la energía. Nos permite tomar una distancia para decidir si queremos entrar en un espacio de enfrentamiento o un espacio de entendimiento. Cuando preguntamos por qué dice lo que dice, buscamos aclaración y podemos tomar perspectiva, intentamos entender cómo el otro está viendo el mundo.

La mayor parte de las veces si preguntamos, descubriremos que no hay una intención real de hacer daño o de agredir, sino que simplemente el otro está funcionando de un modo automático, es un pensamiento y una manera de hacer asociaciones recurrentes en base a suposiciones que se crea el/ella en su mente. Realmente no hay una intención real de herirnos o atacarnos, simplemente es un modo psíquico de funcionamiento, en el que asume que el mundo es como el/ella cree que es y no suele ser positivo, sino más bien al contrario, suele tener una imagen negativa de cómo funciona el mundo.

Entender cómo es el mundo del otro, sin dejar que nos haga daño y llegar a una conversación para aclarar situaciones sin ponernos a la defensiva y atacar es realmente un ejercicio valioso de empatía: podemos salir fortalecidos como personas y cuidar al otro a pesar de que el/ella no sepa hacerlo.

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